martes, 7 de febrero de 2017

Crónica de un asesinato - Parte I


Tic… Tac… El tiempo no para, no regresa y se hace cada vez más lento....


El agudo dolor en las muñecas y en las piernas hace que la presa vuelva en si lentamente. Aún no está del todo consciente. Aún no se da cuenta de lo que está pasando.

Enfrente, su verdugo la mira fijamente. Esperando. Mientras lo hace se pregunta por dónde empezará. Cómo podrá saciar esa rabia y esa adrenalina que la invade desde que supo el por qué de la existencia de la presa que se agravó después de que ésta se aferrara y negara a desaparecer por voluntad propia.

La presa mantiene los ojos entreabiertos, con una mirada fija y perdida, gime un poco, pero es inaudible.

El verdugo la sigue mirando fijamente, analizando sus reacciones, sigue esperando a que despierte, después de todo, qué chiste tiene un show si el público esta dormido.

- “Tal vez me pasé de somníferos… Pero para semejante mastodonte no creo que una dosis menor hubiera surtido efecto, al menos duró lo suficiente como para poder colgarla intacta y sin necesidad de someterla”.

De pronto la presa vuelve en si, se estremece y abre los ojos y su cara palidece al ver a quien tiene enfrente, toma aire para emitir un grito, éste se ahoga al recibir una patada certera en la boca del estómago.

-“Nunca habrías esperado que fuera yo, ¿Verdad?”

La presa se estremece, trata de gritar pero al final se traduce en un patético chillido.

-"Mejor no gastes energías, que lo interesante está por comenzar y no quisiera que te fueras al otro mundo antes de tiempo y sin haber probado todo lo que tengo preparado para ti".

La presa deja de moverse y comienza a mirar a su alrededor, está oscuro y solo hay una lámpara que emite una luz mortecina la cual cae sobre una mesa y emite reflejos metálicos. Los sentidos se le van despertando poco a poco. Comienza a sentir un dolor agudo en el pecho y se mira. Lo que mira la impresiona.

-"¿Qué opinas? ¿No te gusta? Era la única forma en la que te podía tener colgada, así como lo hacen con los cerdos en la carnicería, y como entre tú y un cerdo no hay mucha diferencia... Claro, contigo tuve que usar dos ganchos, uno para cada clavícula para que se equilibrara tu peso, porque sabrás que estás muy pesada y lo importante es que estés lo más cómoda posible".

La presa abre los ojos horrorizada y emite un gemido, trata de emitir palabras, pero suenan a balbuceos. Pronto, se da cuenta de que su lengua no le responde. Su verdugo se da la vuelta, se dirige hacia la mesa y abre un cajón para sacar un objeto. Lentamente y mientras mira fijamente a su presa, se va acercando a ella.

-"¿Quieres ver por qué no puedes hablar? - La presa gime.
-"Tendrás que ver lo que te voy a enseñar, y donde no lo quieras ver, me encargaré de que no puedas cerrar los ojos por el resto de la noche, y no estoy hablando de darte café.

El verdugo toma el espejo y se lo enseña a su presa.

Su presa no podría estar más que horrorizada, su lengua ha sido cortada y suturada, mientras que tiene las dos mejillas cortadas de tajo.

-"Sé que sonará a cliché" el verdugo interrumpe - "Pero me gusta esa escena del hombre que ríe y la dalia negra. Bueno querida, tú precisamente, no eres una dalia, creo que podrías ser como un girasol. Una flor ridículamente enorme, sin chiste y castrosa."








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